Saturado de ruido de civilización 

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A diario, POR lo menos me pierdo; (2) veces/entre las ganas de no querer recordar más sueños que me sueñen/y la espera de aquella constelación galáctica que de niños nos prometían. /A diario 
me sangra la nariz y mancho la cama/con goterones, de dolores de paciencia que no  limpian el agua mineral, ni el cloro/A diario, sí, me debo esconder, ocultar, atrincherar, secuestrar, silenciar, incluso golpear /y todo esto entre signos de paréntesis/ para luego terminar pidiéndome un millonario rescate que me deje dormir por las noches/A diario debo soñar, con todo el asco del mundo, recordar(te y volver a tocar) te/ Perdonarme./ESO, no hay nuevas estrellas en el cielo…/ Soy el viejo de mil quinientos años que alguna vez te prometió el mundo entero/ y ahora ESCRIBO arrepentido, con la nariz que sangra de dolores de paciencia/ Eres un anónimo, pero estás impregnado en todo este escrito, te asomas, entre palabras, te asomas por debajo de la lengua.


“Oh, no, I’ve said too much”

Mi niño azul de otro mundo

-Amanece- 

Ya no somos dos en la cama, la luz azul de tu ventana te absorbe, me quedo solo con el recuerdo de tu ternura que sale a flote de repente como volcán submarino; Eres una montaña azul. Eres enorme y yaces a mi lado, intentas descansar por siempre, porque esta vida ya te cansó, por eso me quedo a tu lado y te miro, para vigilar tus sueños; eres mi niño azul de otro planeta.
Las manchas de tu rostro ahora se transforman en cárceles implacables que retienen toda la pena para dejarte por un minuto descansar en paz; Las manchas de tu rostro son islas donde habitan esos revoltosos doloridos que no te dejan descansar.
Sigues totalmente azul y tu ojo magnético parecía advertir mi mirada sobre tus sueños; Sobre aquellas islas de revoltosos doloridos. Pero finalmente te duermes.

-Cierro los ojos-

Recuerdo un poema que escribiste a algún otro yo y recuerdo toda tu vida. Recuerdo esos ciento cincuenta y seise ciclos lunares que nos separaron, recuerdo  cuando a los trece años tú me soñabas y aún en ese tiempo me reprochabas que nadie te quería, que nadie te cuidaba y que yo te respondía que la ternura era sólo para unos pocos. Me recuerdo en la eternidad del futuro y del pasado, en el útero del no tiempo-espacio, me recuerdo en mi planeta, cuando era aún un viejo de mil quinientos años, mientras tu seguías ahí, dormido como un niño azul que es querido y cuidado.

-Sueño-

Me separo esta vez de ti, de la materia azul, de las islas de revoltosos doloridos, de tus lindos lunares, de los cuerpos, de los niños del desamor, del tiempo-espacio, vuelvo al útero de la eternidad; Me duermo y sueño al fin.
 Me reencuentro conmigo a los cien años, a los quinientos, a los mil años. Me reencuentro conmigo, pero vivo en otro planeta, en otra galaxia, en otro universo y estoy viejo; Esto es quizás una visión eterna hacia el no tiempo-espacio.  
Estoy viejo, tan viejo… Comienzo a hablar, le hablo a un grupo de niños extraterrestres de lo que pasará en el pasado, les hablo de las catástrofes, les hablo de guerras, de odios, venganzas y lobos, les hablo de todo aquello que me hizo envejecer y no recuerdo hablarles del amor, de cómo antes de llegar a este lugar cuidaba los sueños de un niño azul al que amaba. Entonces uno de esos pequeños de otro mundo se me acerca y me recrimina que a él nadie lo quiere, que nadie lo cuida, lo que me rompe el corazón; y le respondo: La ternura es sólo para algunos… Y le prometo que por siempre haría lo posible por acompañarlo con la mía, para que pueda dormir en paz por las noches.
Y es ahí que me doy cuenta, ese niño azul eres tú a los trece años, que me recriminabas porque nadie te quería, y me partías el corazón desde ese entonces. Ya tengo mil quinientos años y tengo tanta pena, estoy tan viejo, me dices que nadie te quiere y me rompes el corazón, pero yo te quiero y te cuido.
Me canso de todo esto, me transformo en una montaña para dejar de sentir, escondo mi pena en islas, la encierro por siempre, porque nadie me quiere; Vuelvo a mi hogar en el pasado.

-Despierto-

Abro los ojos, te miro y ya estás despierto, ya no eres azul, recobraste tu color pálido, y te digo: La ternura es sólo para algunos, la mías es para ti, como te lo prometí antes, mi niño azul de otro planeta. No entiendes lo que digo, 

-Ruidoblanco 

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